Del día hacia la madrugada. Ejercicio narrativo

La experiencia ha sido nítida y sencilla, lo que me confunde es por qué ocurre conmigo.

Amanecía y fui lanzado violentamente contra una pared, que está hecha con cáscaras de huevo o es una inmensa cáscara de huevo, aunque al comienzo me pareció vertical.

El impacto hace que en ella queden atrapadas mis manos, trato de separarlas, gesticular, y entonces también los brazos van quedando adentro.

Sin advertirlo, penetro. La piel circular impone una sensación de viscosa humedad. Es mediodía allí.

Lentamente vuelvo del aturdimiento y descubro que estoy en una especie de sala inmensa: en ella se acumulan -por momentos en orden, como capas gaseosas- los materiales del sueño. Estoy en el depósito de los sueños de todos.

San Rafael, mayo 1 - septiembre 3, 1997


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Del día hacia la madrugada
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El arte de observar