Ausencias y retardos
Ausencias y retardos (1963)
VI.
Cuando de pronto entre mis ojos como
una lágrima desprendida
giras
como una luna en pena
yo que debiera recordarte siempre
el vestido deshecho por los búhos
contemplo las paredes veloces del olvido
los vasos de la luz en el otoño
todo en un gran silencio los milagros las lámparas
ay de la cabellera de las lámparas
que sin tropiezo fechas era por donde luna
el aire que los últimos muertos despreciaron
mi piel tu piel la brisa pegada en el recuerdo
límpiame enciende caigo cuando ven te estoy viendo
ya ciegas las ventanas en jaulas de murano
aún vendada huyendo entre los cactus
los hambrientos tirando monedas a tu paso
mediodías de yodo
crepúsculos lujosos
una antorcha de sombra entre las manos
porque el amor se cava como un pozo
nuestro aliento arañaba la tierra humedecida
tus cabellos peinados por el polvo
las cosas que no puedo decir sin ocultarme
rasgada en un espejo de hotel tu vestidura
violada en las alfombras movedizas
las últimas bisagras de la tarde oxidadas
sólo el placer tendido sobre un río de fósforo
consumiendo las barcas
la pedrería de los atardeceres
en la hierba de arena
y mis 19 años desollándose ardiéndote
como si hubiera llovido por última vez sobre la tierra:
"¡anúdate al torrente de mi sed
no me dejes sin piel sobre las piedras
a qué pálida hoguera condenado
husmeando alguna gruta de sal y vaselina
mordiendo ajenas sombras de azogue sobre el césped!"
pero no
pero nadie
sin cómo ya soñar sin más remedio
para que hable el olvido te inventó mi silencio
y este sitio es tu cuerpo
luna de miel lamida por la angustia
tierra arrasada el mar donde respiras
y de ceniza el vértigo que rueda por tus hombros
el vértigo que me despoja los gestos
y las túnicas
la sudorosa urgencia que me sube a otro cuerpo
cuando nadie en el mío como un paisaje pálido
ojerosos los soles demacrados
los relucientes años
El otoño gritando extraviado en el bosque
amarillos quejidos descienden de los árboles
pasan rostros ardiendo
sobrevuelan los sueños el cadáver de mayo
y todo sigue todo
se derrumba
bajo tus pies
desnudos
incontenibles
solos
envueltos en la música demudada del agua
Prestidigitadora de las islas nocturnas
cuando el preludio
cuando la embriaguez
cuando la sangre cruza del crepúsculo a nadie
y las torpes palabras desbocadas:
acaso en tu memoria
sobre la mesa de los mercaderes
yo también
yo jamás
yo para siempre
vaso ya de silencio derramado.
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